No fue para echar las campanas al vuelo, pero la nevada que ayer cayó sobre el Pirineo ha sido el mejor regalo de Navidad que podía esperar el sector turístico. Llevaban dos años anhelando un temporal como este. "No ha sido una gran nevada, pero hacía muchos meses que no se veía nada semejante", aseguraba ayer una trabajadora del complejo Gran Pallars, donde anoche los grosores superaron el medio metro.
"Lo importante es que ha caído suficiente nieve como para garantizar la campaña", afirmó Xavier Solé, director de la estación de Tavascan (Pallars Sobirà), que el año pasado no llegó a abrir por culpa de la falta de nieve, al igual que el resto de estaciones de esquí nórdico.
Esta nevada podría permitir que finalmente la 16 estaciones catalanas --incluidas las de fondo-- se calcen esta temporada los esquís. Hasta el momento, Aransa, Guils-Fontanera y Lles (Cerdanya) y Tuixén-La Vansa (Alt Urgell) no han podido abrir aún sus puertas. Sí lo han hecho, y con excelentes afluencias, las estaciones de alpino. El pasado fin de semana, solo en los ocho complejos leridanos que estaban en marcha esquiaron unas 45.000 personas.
La borrasca de ayer, que según los meteorólogos seguirá activa durante al menos esta mañana, dejó entre 20 y 30 centímetros de nieve en las cotas más altas. En las comarcas de Lleida, los efectos de la precipitación se notaron por encima de los 1.000 metros. En las de Girona, nevó por encima de los 1.200 y en algunas poblaciones del Berguedà, incluso a 900 metros. El temporal, acompañado por viento en algunos valles, complicó la circulación.
TRÁFICO RESTRINGIDO
El Servei Català del Trànsit (SCT) tuvo que prohibir la circulación de camiones por los túneles de Vielha (Vall d'Aran), en la carretera N-230, y del Cadí (Cerdanya), en la C-16. Los vehículos pesados tampoco pudieron transitar, por acumulación de nieve y placas de hielo, por los puertos de El Cantó (Alt Urgell), Perves (Alta Ribagorça) y Toses (Cerdanya), todos en la N-260. Además, se impuso la utilización obligatoria de cadenas en una decena de vías secundarias de la zona.
Como consecuencia del mal estado de la carretera, los Bomberos de la Generalitat y los Mossos tuvieron que ayudar a trasladar a 30 niños que se dirigían a un hotel de Setcases (Ripollès). El conductor del autocar escolar pidió la colaboración de los equipos de emergencia al comprobar que la GIV-6274 estaba resbaladiza. Dos camiones de bomberos y dos coches policiales condujeron a los menores y dos monitores hasta el hospedaje, a medio kilómetro.
En Meranges (Cerdanya), los bomberos también auxiliaron a una pareja que se encontró con dificultades para controlar su vehículo en una zona de difícil acceso.