Los requisitos y condicionantes medioambientales dictados por Bruselas y de obligado cumplimiento afectan de forma directa a la economía de las explotaciones. Según aseguran desde el sector porcino, adaptarse a esta directiva comunitaria tiene un sobrecoste de 18 céntimos por kilo de carne de cerdo. De esta forma, teniendo en cuenta que el peso medio de un animal es de 100 kilos, los gastos se elevan a 18 euros por cada cerdo. A estas inversiones, hay que añadir otras derivadas de la adecuación de las instalaciones y granjas, así como el desembolso en alimentación animal, tras la prohibición del uso de determinadas proteínas cárnicas.
Para Daniel Babot, director del máster de porcino organizado este año por segunda ocasión por la UdL, “el gran handicap que tienen los ganaderos es que el incremento de lo costes de producción los tiene que asumir exclusivamente el ganadero”. Además, Babot recuerda que las pequeñas explotaciones no pueden repercutir estos gastos extras en otros eslabones de la cadena alimentaria, como los mataderos o los comercializadores.
Por otro lado, el responsable del máster porcino, reconoce que el sector está dividido, “el productor va por un lado, el matadero por otro y el comercializador también va a su aire”. De esta forma, según Babot, “no se produce una estrategia de venta conjunta”.