La Navidad está siendo lánguida este año en el Pirineo. Los paisajes son más otoñales que invernales, apenas se ve la nieve y las temperaturas son atípicamente altas para la temporada. Los turistas han empezado a llegar hace un par de días, pasado Sant Esteve, pero, a juzgar por el estado de las reservas hoteleras, parecen dispuestos a marcharse pronto, apenas hayan celebrado el Año Nuevo.
Tras un inicio de campaña más que ajustado, con un puente de la Constitución en que se dejaron de ingresar 10 millones de euros solo en Lleida, las estaciones de esquí catalanas han vuelto a anotar un nuevo dato negativo a las estadísticas de esta campaña, al registrar durante la primera semana de las fiestas navideñas un descenso de entre el 30 y el 50% en la afluencia de esquiadores respecto al año pasado.
Todos los complejos abiertos al público --nueve de las 10 estaciones de esquí alpino-- confían en mejorar la situación a partir de este viernes, cuando se espera que los hoteles más próximos a las pistas alcancen entre el 85 y el 90% de ocupación.